Tuesday, August 02, 2011

6 Lecciones sobre la abundancia

6 Lecciones sobre la abundancia
Por Edgar Medina D.

Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo. [Romanos 15:29 RVR]

La primera estación que solemos encontrar camino a la plenitud es la estación de la abundancia. De San Pablo podemos aprender, al menos, seis aspectos que nos conducirán hacia la vida abundante:

VE LA ABUNDANCIA
Pablo declara en su carta a los romanos [Romanos 15:29] que les visitará pronto y que llegará en abundancia. La palabra griega que en este pasaje se traduce como abundancia es 'pleroma', cuyo significado primario es plenitud. La vida y circunstancias de Pablo estaban muy lejos de ser fáciles, la visión que tenía de llegar en plenitud era por mucho más un acto de fe que de otra cosa.

DECLARA LA ABUNDANCIA
Sin embargo, su declaración anticipada no es un disparate o un mero deseo personal; es una declaración que pone en evidencia su fe y confianza en Jesús; quien declaró que quiere ver que cada uno de sus seguidores tenga vida en abundancia [ver Juan 10:10].

ESPERA LA ABUNDANCIA
Aunque no hace mención a ello en este pasaje, sabemos que las circunstancias adversas que Pablo atravesó no eran pocas, en otras de sus cartas toma el tiempo para dejarnos saber de sus encarcelamientos, naufragios, azotes, entre muchas otras penalidades; sin embargo, nada de eso aminoraba su esperanza en vivir la abundancia y plenitud que Dios ha prometido [ver Salmos 66:10-12].

IDENTIFICA LA ABUNDANCIA
Uno de los extravíos del ser humano —desde siempre— es limitar el concepto de abundancia a las posesiones materiales. Cuando Pablo declara que será llenó de la abundancia de la bendición del evangelio nos muestra la moneda de la plenitud, una cara está marcada por la abundancia, llenura y satisfacción; la otra cara lo está con la bendición, presencia y mano de Dios, sin lo cual no se puede vivir más que en la miseria. Nunca olvidemos que «la vida del hombre no consiste en los bienes materiales que posea» [busca Lucas 12:15].

VIVE LA ABUNDANCIA
Pablo se declara en abundancia mientras reside en la cárcel. Su plenitud reposaba en posesiones que nadie le podía arrebatar: La paz de Dios, la presencia de Dios, el poder de Dios, el pueblo de Dios y la provisión de Dios [busca Filipenses 4:6-18].

Finalmente, puedo decir que vivir en plenitud y abundancia no goza de exclusividad, sino que es, y debe de ser, el estilo de vida del reino de Dios, aun aquí en la tierra: «A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera» [1 Timoteo 6:17-19 NVI].

REFLEXIÓN
La abundancia tiene más que ver con nuestra actitud que con nuestro bolsillo.



Escucha en You Tube la predica: Viviendo en Plenitud 2
Descarga el audio aquí.

Wednesday, June 29, 2011

Viviendo en Plenitud

Viviendo en Plenitud
Por Edgar Medina

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
[Juan 1:16 RVR]

Este mensaje es resultado de un proceso de transformación personal y matrimonial que estoy viviendo. Espero que lo escuches y que abone a tu vida la semilla que dará como fruto la plenitud que Dios desea para ti y los tuyos.

Cuando estudiaba la preparatoria —hace unos 120 años—, el primo de un amigo y compañero del mismo grado vino de visita desde el sur del país. Él nunca había estado en nuestra escuela y no conocía a ninguno de nuestros compañeros, de pronto se mencionó en la conversación a Toño, un alumno de nuestro grupo que se había rasurado el «mostacho» después de ser por meses el único ‘bigotón’ en el plantel. El primo de mi amigo preguntó quién era Toño, y mi amigo le señaló un grupo de muchachos que estaba a unos cien metros de nosotros diciéndole: «Toño es… ¡el que no tiene bigote!»; lo curioso del asunto es que ‘¡ninguno tenía bigote!’, pero después de acostumbrarnos a ver cada día nuestro compañero como ‘la venganza de Sam Bigotes’ simplemente sentíamos que le faltaba algo al verlo.

Cuando San Juan nos presenta a Jesús lo hace de una manera extraordinaria: «de su plenitud tomamos todos», es decir, lo presenta con alguien a quien no le falta absolutamente nada [ni el bigote siquiera]. Eso no era una mera percepción personal de Juan, pues San Pablo nos recuerda que «agradó al Padre que en él [en Jesús] habitase toda plenitud» [Colosenses 1:19 RVR].

El diccionario define plenitud como: Totalidad, integridad o cualidad de pleno. Apogeo, momento álgido o culminante de algo. [Fuente Diccionario de la real Academia Española].

En términos coloquiales podemos decir que vivir en plenitud es: «Ser todo lo que se puede ser».

Desde esa perspectiva sólo Dios es pleno, sólo él ha sido, es y será el mismo ayer, hoy y siempre; pues lo sabe todo, lo tiene todo, lo puede todo; pero hay algo a lo que indudablemente sí podemos aspirar: de su plenitud tomar.

REFLEXIÓN
¿Estás viviendo en plenitud o sólo sobrevives?

Escucha en You Tube la predica: Viviendo en Plenitud
Descarga el audio aquí.



Tuesday, February 22, 2011

Del corazón de Dios al corazón de una mujer 9

Yo soy Jesús
Por Edgar Medina y Yessica Moreno

Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», dieron un paso atrás y se desplomaron
[Juan 18:6 NVI]

En los post anteriores, hemos hecho un breve recorrido por algunas de las declaraciones que Jesús hizo sobre sí mismo. Desde su encuentro en el pozo con la mujer samaritana Él se ha presentado como el gran Yo Soy. Esto puede parecer, en nuestra cultura, irrelevante; pero en el contexto del lugar y tiempo en el que Jesús lo dijo sus palabras toman un sentido muy profundo. Pues Yo soy es el nombre que Dios, el Eterno Creador del universo, le reveló a Moisés, el libertador de Israel siglos atrás [ver Éxodo 3:14].

Trae a tu mente esta escena: El momento en que Jesús fue arrestado por los soldados romanos que le conducirían a la muerte «Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, les salió al encuentro.
—¿A quién buscan? —les preguntó.
—A Jesús de Nazaret —contestaron.
—Yo soy.
Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», dieron un paso atrás y se desplomaron» [Juan 18:4-6 NVI].

Nota que no se trató de una simple afirmación, sino de una poderosa declaración que hizo y sigue haciendo que nada se pueda sostener ante quién es Jesús. Si Él es el Pan de Vida ¿cómo pudiera sostenerse en pie el hambre que arremete contra la dignidad del alma? Si Jesús es la luz del mundo ¿cómo se sostendrá el temor y el desconcierto que las tinieblas producen? Si Jesús es la puerta ¿cómo podrá mantenerse en pie lo que pretenda limitar nuestra libertad suprema? Si Jesús es el buen pastor ¿cómo no andaremos en praderas de paz? Si Jesús es la resurrección y la vida ¿qué impide que cumplamos nuestro propósito? Si Jesús es el camino, la verdad y la vida ¿cómo pudiera quedar inconclusa la construcción de nuestro carácter? Si Jesús es la vid ¿cómo no estar saciadas? Sin embargo, todo cuanto Jesús es, se cree y se recibe por fe.

Algo en nuestro interior, parece no estar convencido de querer elegir la vida. Siempre hemos sabido que las reglas nos protegen, aún así las violamos. Ni que decir de las muchas veces que estimamos en poco los gritos que nuestra propia conciencia exclama por advertirnos del peligro y desazón detrás de nuestras elecciones y qué hemos hecho. Por lo cual creer en Jesús no es un acto de mera sensatez, sino de fe.

La oferta de Jesús es para todos, pero sólo se traduce en realidad en aquellos corazones que le coronan a Él como rey. De otra manera, estamos simplemente condenadas a vivir en nuestras fallas. Jesús dijo: «Por eso les he dicho que morirán en sus pecados, pues si no creen que yo soy el que afirmo ser, en sus pecados morirán.» [Juan 8:24 NVI]

¿Cómo recibir lo que Jesús ofrece? Hazlo tu rey. Hazlo tu pan y aliméntate de su palabra siempre. Hazlo tu luz y recibe su guía, Hazlo tu puerta, tu entrada y tu salida. Hazlo tu buen pastor y escucha su voz cada día. Hazlo tu resurrección y déjalo hacer lo imposible en y a través de ti. Hazlo tu camino, verdad y vida y camina con él. Hazlo tu vid y llénate de su fruto.

Puedes orar ahora mismo diciendo:
Señor Jesús, sé que eres el hijo de Dios, que resucitaste de la muerte y que no hay nada que resulte imposible para ti. Te entrego mi vida y todo lo que soy. Ven y ocupa el trono de mi corazón. Amén
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...